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Cómo superar una crisis de pareja de forma adecuada

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Hola querido lector(a) si estás aquí muy seguramente estás pasando por una crisis con tu pareja, no es fácil lo sé, pero entraste aquí en busca de consejos para solventar esos problemas amorosos e intentaré ayudarte.

crisis de pareja
Cómo sobrellevar una crisis en la pareja

Cuando dos personas deciden crear una relación estable como pareja, normalmente lo hacen porque piensan racionalmente que tienen a una persona a su lado que merece su interés y atención. Eso no es todo: las dos parejas experimentan sentimientos afectivos mutuos y una serie de emociones positivas, que resultan de estar cerca e interactuar. Todo esto, no sólo la parte irracional de las emociones y sentimientos, se llama amor.

El amor, de hecho, es un sentimiento de profundo afecto por una persona, que se manifiesta como un deseo de procurar su bien y de buscar su compañía.

Hoy en día ya no hay ninguna razón por la que dos personas, al menos en el mundo occidental, deban unirse, si no por amor: no hay más opciones familiares que satisfacer, matrimonios combinados por razones de interés o de poder, matrimonios reparadores después de la pérdida de la virginidad. Os casáis, o empezáis a vivir juntos, sólo porque estáis bien juntos, os amáis, queréis compartir experiencias de vida y, casi siempre, también porque tenéis el plan de dar a luz a vuestros hijos, de sentiros más completos y más realizados.

Sin embargo, es muy probable que un día la crisis llame a la puerta (y, en las parejas de hoy, destinadas a vivir juntas durante muchos años, la crisis podría presentarse mucho más que una….). Es natural sentir, en esta situación, sentimientos de ansiedad y tristeza, así como sentimientos de vacío o pérdida.

La idea de que algo que alguna vez fue muy importante se ha roto, o se está rompiendo ante tus ojos, sólo puede generar un sentimiento de fracaso para el pasado y una falta de equilibrio y perspectivas, en comparación con el presente o el futuro.

Crisis amorosa

En la relación de pareja la crisis puede venir por traición, por demasiado estrés, porque los dos compañeros han evolucionado de forma diferente y ahora ya no se reconocen por lo que eran, por las continuas peleas, por los cambios en el estilo de vida o por el nacimiento de un hijo. La crisis trae consigo la pérdida de la homeostasis y la búsqueda del cambio; es siempre un período de transición, que tiende a una nueva estabilidad, como en la ruptura final, o en la elección de intentar una reconciliación.

Obviamente, por lo tanto, después de una crisis, reconciliar no significa simplemente empezar de nuevo, todo como antes: si hubo una crisis es precisamente porque ese “como antes” no funcionó, generó incomodidad, disputas, malentendidos, pérdida de interés en el socio, y la crisis llegó a exigir un cambio.

Consejos para superar una crisis de pareja

  •  Entender las causas de la crisis

¿Por qué las cosas no están bien? ¿Qué funciona bien? Preguntate cual es la razón por la que existe cuya crisis amorosa, es importante que puedas analizar la gravedad del problema.

  • Aprender a comunicarse:

El primer paso y totalmente indispensable para superar una crisis de pareja es la comunicación, si no hay posibilidad a una comunicación sana, osea sentarte a conversar con tu pareja sobre lo que sucede, entonces existe un grave problema.

Debes sentarte con tu pareja a solas y conversar sobre las cosas que están mal, lo que ya no funciona, si la relación requiere cambios, posibles soluciones a conflictos. Si no es posible sentarte a conversar con tu pareja entonces debes esperar lo necesario para hacerlo, pero sin este punto es totalmente imposible superar una crisis de forma adecuada.

  •  Tener en cuenta y respetar los deseos y necesidades de su pareja

El respeto por el otro se manifiesta no sólo en las palabras, sino también en los hechos. Respetar las necesidades y deseos de la pareja significa poder escucharlos, acordar hablar de ellos, buscar juntos la forma más adecuada de satisfacerlos.

No todos los deseos, por supuesto, pueden ser aceptados: por ejemplo, algunos pueden ser absolutamente contrarios a sus valores. En este caso, debe buscarse la mediación, incluso mediante la búsqueda de nuevas soluciones a viejos problemas. También en este caso, el trabajo de mediación del terapeuta podría ser valioso.

  • Establecimiento de nuevas reglas y límites

Si hay reglas claras a seguir, ninguna de las partes puede decir que ha malinterpretado los deseos de la otra. Del mismo modo, en presencia de un comportamiento desagradable, uno puede estar mejor preparado para tolerarlo, sabiendo que ciertos límites nunca pueden ser superados.

  •  Perdonar

Si la crisis fue generada por el comportamiento incorrecto de uno de los dos socios, el que fue agraviado no debería sentirse automáticamente absuelto de toda responsabilidad: si hubo una crisis, obviamente no darse cuenta a tiempo de la incomodidad de la otra persona, o subestimarla, puede haber sido un error.

Es más, el que causó la crisis, quizás por traición, debe mostrar un comportamiento sinceramente arrepentido y crear las condiciones para que el socio vuelva a confiar en él. Pase lo que pase, las cosas que hay que hacer para superar mejor la crisis son: analizar, comprender, perdonar, olvidar.

  • Tratando de hacer algo especial juntos

Aquellos que viven juntos experiencias que producen emociones positivas (alegría, felicidad, interés, orgullo, empatía) tienden a unirse más. No tienen por qué ser fuera de lo común: en la vida cotidiana se puede elegir hacer cosas, o acudir a personas y situaciones, capaces de transmitir sentimientos agradables y satisfactorios para compartir.

  • Aprender a jugar en equipo

Decidir seguir viviendo juntos requiere un compromiso renovado con el otro, un impulso, que esta vez no sólo puede partir del corazón, sino que también puede ser racional, para recrear un ambiente de afecto, solidaridad, bienestar. Al fin y al cabo, si has optado por la reconciliación, eres consciente de que, por tu propio bienestar y valores, convivir con tu pareja, aprender a jugar en equipo, es decir, compartir la buena y la mala suerte, es mucho mejor que vivir una vida fluctuante e incierta, en la que la satisfacción con la vida coincide sólo con el interés personal.