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Cómo tomar buenas decisiones en la vida

Cómo ya te habrás dado cuenta, nuestra vida se va desarrollando dependiendo de las muchas decisiones que nos toca tomar diariamente. Unas más importantes que otras por supuesto. Incluso una mala o buena decisión puede dar un giro totalmente distinto en nuestra vida.

Consejos para mejorar la toma de decisiones

La toma decisiones es la clave que separa el éxito del fracaso en cualquiera de los ámbitos de la vida.  Es por esto que hoy te quiero compartir algunos consejos para tomar mejores decisiones. De quien puedes aprender mejor esto, no es de un psicólogo, curiosamente es de un economista. En este artículo te quiero compartir los mejores consejos que he aprendido de los mejores hombres de negocios, y que se pueden replicar en cualquier ámbito emocional y no solo económico.

Para empezar a entender y aplicar estas ideas, primero debemos comenzar con una premisa básica: que no siempre pensamos de la misma manera en nuestras elecciones y decisiones. A veces, podemos pensar en las cosas de una manera más rápida y automática. Otras veces, podemos considerar las cosas más lenta y deliberadamente. A su vez, cada una de estas formas de tomar decisiones tiene sus propios pros y contras.

Pensar rápido y despacio

En su libro, Thinking, Fast and Slow, el economista conductual Daniel Kahneman discute estos puntos más finos del pensamiento en detalle. Específicamente, utiliza el marco de dos “sistemas” de cognición. Kahneman (2011) explica:

“El Sistema 1 funciona de forma automática y rápida, con poco o ningún esfuerzo y sin sentido de control voluntario.

El Sistema 2 asigna atención a las actividades mentales de esfuerzo que lo demandan, incluyendo cálculos complejos. Las operaciones del Sistema 2 se asocian a menudo con la experiencia subjetiva de agencia, elección y concentración”

Reglas simples para una mejor toma de decisiones

Teniendo en cuenta lo anterior, algunos consejos generales pueden ayudar a mejorar su toma de decisiones.

  • Descanse

Cuando tenga que tomar una decisión grande e importante, puede ser mejor hacerlo cuando esté descansado, concentrado y motivado. Según Kahneman (2011), el pensamiento complejo y esforzado (sistema 2) requiere atención, motivación y autocontrol. Todos esos recursos son más limitados y agotados cuando ya estamos ocupados, estresados y cansados.

Aunque ha habido algunos desafíos a esta idea, Baumister, Tice y Vohs (2018) señaló los efectos negativos de este agotamiento en la toma de decisiones de los niños en entornos académicos, el personal de los hospitales, los jueces y los votantes. Por lo tanto, cuando sea posible, piense en decisiones importantes cuando esté bien descansado, con la mente despejada, y tenga la energía y la motivación para dedicarse a la tarea. Tu madre te dijo que lo pensaras y decidieras por la mañana, probablemente fue un buen consejo.

  • Tómese su tiempo

Pensar clara y lógicamente también lleva tiempo. Cuando estamos bajo presión de tiempo y plazos cortos, nuestro sistema de pensamiento rápido (sistema 1) toma el relevo. Por ejemplo, según la investigación sobre las decisiones financieras de Kirchler y sus asociados (2017), es más probable que los individuos tomen decisiones arriesgadas bajo tal presión de tiempo.

Así, cuando tenemos prisa, llegamos a una conclusión rápida que puede estar llena de prejuicios y corazonadas, en lugar de pensar cuidadosamente en los hechos y la información. Por lo tanto, el pensamiento rápido puede ser útil para decisiones pequeñas, habituales y cotidianas que no requieren mucha deliberación, o que implican mucho riesgo. Sin embargo, si la decisión es más compleja e importante, entonces tómese el tiempo para pensarlo detenidamente.

  • Recopilar información

Más allá de tener el tiempo y la energía para pensar claramente, nuestras decisiones son tan buenas como la información que tenemos sobre nuestras elecciones y opciones. Podemos considerar una elección durante horas, pero si la información que reflexionamos es muy limitada, o de mala calidad, entonces todo ese esfuerzo y pensamiento será mucho menos efectivo. Al final, con decisiones tan inciertas, nos vemos obligados a confiar en nuestros prejuicios y corazonadas para llenar los vacíos de todos modos (sistema 1).

Por lo tanto, cuanto más fiables sean los hechos y la información que podamos recopilar y considerar sobre una decisión, más podremos reducir nuestra incertidumbre y tomar mejores decisiones. Por ejemplo, el trabajo de Ariely (2000) señala que cuanto más control tengan los clientes sobre el flujo de información que reciben sobre una decisión del consumidor, mejor podrán adaptarse a sus preferencias, mejorar su conocimiento sobre el dominio y aumentar la confianza en sus juicios.

4) Manténgase abierto a todas las posibilidades

A veces, nuestro pensamiento rápido sesga la manera en que consideramos los hechos, la información y las opciones a lo largo del camino de la toma de decisiones, no sólo en la decisión final. En particular, como señala Gilbert (1991), a menudo aceptamos automáticamente las cosas como “verdaderas” antes de deliberar cuidadosamente sobre ellas. Además, según Kunda (1990), nuestro razonamiento sobre un tema puede estar motivado por un “sesgo direccional”, que nos lleva a revisar selectivamente sólo la información y los hechos que apoyan lo que ya queremos creer.

Dado esto, a menudo podemos llegar a conclusiones precipitadas, o ser tendenciosos para confirmar algo en lo que queremos creer, en lugar de mirar honestamente lo que toda la información y los hechos nos están diciendo realmente. Por lo tanto, al tomar decisiones importantes, es útil estar abierto a todos los hechos y posibilidades (especialmente a los que no quieres o no te gustan). Aunque a veces es más desafiante y quizás más incómodo, esta mentalidad puede ayudarle a evitar tomar decisiones que pueden “sentirse bien” en el momento, pero que también pueden estallar en su cara más tarde.

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